miércoles, 22 de abril de 2009

UTOPÍAS, PASTILLAS DE ADRENALINA PARA LA SOCIEDAD CIVIL DOMINICANA

Un día del año 1987, en San Francisco de Macorís, cuando tenía yo 7 años, estuve apunto de morir asfixiado por una bomba lacrimógena, para la fecha había pasado el primer año del tercer periodo del Gobierno Balaguerista, que se extendió desde 1986-1996 y que se destacó por la gran cantidad de movilizaciones civiles en la lucha por un cambio radical del Estado, precisamente movilizada por grupos de tendencias socialista.

Para la ocasión, puedo decir que me salvé de chepa, gracias a la astucia de mi madre que inmediatamente se dio cuenta de lo que sucedía y me tapó la cara con un pañuelo con vinagre y nos encerramos ambos en un armario. La gente de la comunidad estaba siempre preparada para las bombas, todo aquel que salía a la calle tenía en sus manos un pañuelo y un poco de vinagre.

En otra ocasión para la misma fecha recuerdo como mi prima Yajaira, al ver la policía frente a la casa de mi abuela, estrelló la puerta y me tomó del brazo y juntos permanecimos por largo rato debajo de la cama esperando que se calmase la revuelta.

Para aquel momento había en el Municipio de San Francisco de Macorís movilizaciones a cada momento, enfrentamientos entre los grupos políticos de tendencias socialistas y la policía que actuaba bajo la orden del Gobierno de la época.

Al momento de hacer este retroceso en la vida personal de quien le escribe, lo hago tratando de encontrar aspectos que puedan darme luz para conocer que era lo que le daba la energía a esos grupos, principalmente compuestos por jóvenes, para salir a cada momento que era necesario a protestar contra el gobierno.

Recuerdo que mi tío Cheche, quien dirigía algunos grupos, hacía reuniones en el patio de la casa Materna, y a veces se reunían en la casa de otro dirigente llamado Erasmo, lo poco que recuerdo es que eran reuniones bastante largas y en donde siempre se mantenía un ambiente de secretismo y confidencialidad.

En el trabajo comunitario que realizo encontramos muchos jóvenes con alta disposición al trabajo voluntario, siento que existe una necesidad por parte de los jóvenes con los cuales trabajamos de hacer algo en lo que sientan que están cumpliendo con un deber en el ámbito de lo social, más sin embargo, no percibo el nivel de empoderamiento sobre la causa que percibía al recordar los participantes en las Reuniones del Tío Cheche.

A diferencia de lo que hoy en día observamos en la sociedad civil dominicana, aquellos grupos de jóvenes de tendencia socialista no disponían de un proyecto que financiara los costos de sus actividades, por el contrario los integrantes buscaban de manera individual recursos de cualquier tipo para financiar sus actividades. Con esto no podemos decir que el hecho de que exista financiamiento para actividades de la sociedad civil esté relacionado a su bajo desempeño en la movilización comunitaria, si no, lo que queremos señalar es que hoy en día disponemos de más recursos (financieros, tecnológicos, de transporte etc..) que deberían facilitar los procesos de movilización y respuesta de la sociedad civil en nuestro país.

Buscando información sobre el movimiento socialista, para entender entonces que motivaba a los participantes de las reuniones del Tío Cheche me he encontrado con una palabra, que más que una simple palabra, creo que sirvió como fuente de energía para las movilizaciones y actividades del grupo del Tío Cheche. La palabra encontrada es “UTOPÍA”, unos minutos antes, para mi, la palabra utopía significaba sueño inalcanzable.

Encontramos entonces que este término Utopía fue utilizado en 1516 por Thomas More como nombre de una de sus obras. Una utopía es un intento de superación del orden social ya existente. A aquellas personas que plantean alternativas a las situaciones de crisis social las llamamos utópicos, aunque estas sean en su gran mayoría irrealizables.

Sobre las utopias y el socialismo encontramos entonces que Karl Marx se refirió diciendo “Las utopías expresan una rebelión frente a lo dado en la realidad y propondrían una transformación radical, que en muchos casos pasa por procesos revolucionarios”. Marx entendió que la lucha socialista era una utopía y por tal razón era natural que se expresara su energía renovadora en el modo de la lucha de las clases por el cambio.
Dice la Psicóloga de la Universidad de Barcelona, Necha Cortés en su ensayo sobre Utopia Social “La Utopía nos interpela, nos atrae y nos permite abrigar la opinión de que lo fantástico, lo inconcebible está muy cerca del ordenamiento real e histórico de la sociedad actual, como cualquiera que consulte con un mínimo de distanciamiento los medios de comunicación puede ver, y que lo justo, lo razonable y lo evidente se encuentra en las opciones que el Poder rechaza por “utópicas”, opciones que podemos materializar cuando aunamos nuestras capacidades al servicio del poder de nuestra imaginación”.
El orden basado en la asociación de personas adultas, libres y responsables es la alternativa racional que la Utopía propone, frente al fantástico e increíble desorden selvático que imponen las sociedades anónimas de depredadores y su ridícula corte de príncipes y gobiernos.
En tal sentido entiendo que las utopías en el movimiento social tienen una función esperanzadora y que da energía para continuar la lucha. Podemos ver como ejemplo de esto lo ocurrido en la Sociedad Argentina cuando la gran crisis de 2001 dejó ver ante los ojos de los utopístas la posibilidad de cambios reales y profundos; y si bien el estallido tuvo un carácter ¿podríamos decir económico?, logró unificar, más no sea por un instante, a los desocupados, los pobres y las clases medias en un mismo objetivo. Todo lo que sucedió luego es conocido, pero si nos detenemos a revisar lo que había pasado durante décadas en Argentina, podemos ver que el pueblo estaba en un letargo y al parecer acostumbrado a todo el desastre político que conducían los gobiernos desde el Estado, sin embargo, la crisis despertó en el pueblo una utopía, y es que era posible el cambio, no había razones para vivir en una sociedad totalmente contraria a la deseada por todos.


Una nota en la Enciclopedia Wikipedia Cita “Para algunos filósofos, el ser humano es esencialmente un ser utópico. Por un lado, la necesidad de imaginar mundos mejores es exclusiva de la especie humana y, por otro, esta necesidad se presenta de forma inevitable. El hecho de ser libres, de poder soñar con lugares mejores que el que nos rodea y de poder actuar en la dirección de estos deseos está íntimamente conectado con nuestra naturaleza utópica. Ésta es, además, la que justifica el hálito de esperanza que siempre permanece en nosotros: por muy injusto y desolador que sea nuestro entorno, siempre hallamos la posibilidad de imaginar y construir uno mejor”.
Creo que la Sociedad Civil dominicana no ha envejecido, no es que al pasar el tiempo los años le han caído encima y la han dejado sentada en silla de ruedas, creo que lo que realmente ha causado la desmovilización que hoy existe es que hay una carencia de UTOPÍAS en lo que hacemos, y las utopías no se compran, ni se instalan, es un proceso que debe darse desde la concepción filosófica de un grupo social que cree fijamente en que el cambio es posible.

Otro aspecto desmotivador en el ámbito de las Organizaciones de la Sociedad Civil, es que muchas de estas organizaciones son creaciones irreales y sin principios que se fundamentan principalmente en el objetivo de captar recursos económicos, enriquecerse y repartir beneficios de manera clientelista.

Estamos como parte de la Sociedad Civil en un letargo, esperando a que algún día, en el futuro las cosas cambien o también nos enfocamos a que el cambio será para el futuro, y aprovecho para rescatar algo que planteaba el Señor Onofre en su presentación en el aula de clases, cuando decía sobre la “Prisa de la Ética”, no es algo a futuro, es ahora lo que se debe hacer.

Para finalizar este ensayo os quiero dejar con una reflexión del Maestro Budista Zen Denkô Mesa que dicta “En este preciso ahora que leen el artículo, cuando el cuerpo, la mente y la respiración parece que estuvieran por otros derroteros, estamos recogiendo justo lo que somos, un reflejo de lo hecho, pensado y movido en el pasado. Por el contrario, en la fantasía de un futuro aún por llegar, pero en el que nos gusta proyectarnos, seremos lo que hacemos, pensamos y movemos en el ahora. Por tanto, somos un siendo en el presente; de hecho, no hay otro instante que no sea éste. Por eso formularé claramente algunas cuestiones a fin de que se muevan los cimientos y caigan las fronteras de la mente ilusoria, ésa que nos tiene empantanados y sin saber a ciencia cierta qué rumbo están siguiendo nuestros pasos. Les invito a que dejemos de movernos bajo oscuros intereses, en definitiva, les propongo que se acerquen a practicar la atención consciente en los momentos de lo cotidiano”.

Por:
Wellington Martínez
Mat. 08-8297
Universidad INTEC
Postgrado Sociedad Civil y Políticas Públicas, enero 2009

2 comentarios:

  1. Interesante lo que planteas

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  2. Entiendo que la Sociedad Civil debe profundizar más sus situaciones, pues como ha de saberse, muchas organizaciones de la sociedad civil estan pendiente a la sobrevivencia y eso limita mucho la rebeldia de las organizaciones.

    felicidades por tus aportes,

    Alfredo Frias

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